sábado, 5 de abril de 2014

No tiene nombre: somos todas.

La Mujer Trabajadora sigue en la UCI en estado crítico gracias a la incansable contribución miserable de todos y todas, con sus granitos de arena lapidadores.
Siempre es 8 de Marzo pero nada ni nadie cambia a mejor.

Personas que son Valores Humanos.

Casi todo es mentira y casi nada es verdad. Tenemos la puñetera fatalidad de perder el tiempo en lo primero y con los primeros, egoístas, mediocres y miserables, tóxicos y vampiros, una y otra vez, sin darnos cuenta que lo segundo y los segundos, los generosos, los siempre accesibles, predispuestos, los educados y respetuosos, los que siempre tienen una sonrisa y afecto, buenas palabras y un momento que regalar, aunque estén muriéndose por dentro y desencantados, se reinventaron y se reinventan día a día con el mejor talante, tan elegantes como sencillos y cercanos, sin darnos cuenta que estos un día se van sin hacer ruido, sin molestar, disculpándose y hasta disculpándonos con la humildad que siempre tuvieron, pero se van y no los vemos más. Nos dejan un agujero y un vacío infinitos pero nos dejan todo eso enormemente bueno, su valor, para calmarnos. Merece la pena pararnos a seleccionar a quién le dedicamos y con quién invertimos nuestros días. Accesible e incondicional con personas con esos valores. Son gestos a veces sutiles pero que no tienen precio, sino un valor infinito.

Recordando Hombres Buenos: Miguel Hernández

"LAS MANOS", Miguel Hernández.

Dos especies de manos se enfrentan en la vida,
brotan del corazón, irrumpen por los brazos,
saltan, y desembocan sobre la luz herida
a golpes, a zarpazos.

La mano es la herramienta del alma, su mensaje,
y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente.
Alzad, moved las manos en un gran oleaje,
hombres de mi simiente.

Ante la aurora veo surgir las manos puras
de los trabajadores terrestres y marinos,
como una primavera de alegres dentaduras,
de dedos matutinos.

Endurecidamente pobladas de sudores,
retumbantes las venas desde las uñas rotas,
constelan los espacios de andamios y clamores,
relámpagos y gotas.

Conducen herrerías, azadas y telares,
muerden metales, montes, raptan hachas, encinas,
y construyen, si quieren, hasta en los mismos mares
fábricas, pueblos, minas.

Estas sonoras manos oscuras y lucientes
las reviste una piel de invencible corteza,
y son inagotables y generosas fuentes
de vida y de riqueza.

Como si con los astros el polvo peleara,
como si los planetas lucharan con gusanos,
la especie de las manos trabajadora y clara
lucha con otras manos.

Feroces y reunidas en un bando sangriento
avanzan al hundirse los cielos vespertinos
unas manos de hueso lívido y avariento,
paisaje de asesinos.

No han sonado: no cantan. Sus dedos vagan roncos,
mudamente aletean, se ciernen, se propagan.
Ni tejieron la pana, ni mecieron los troncos,
y blandas de ocio vagan.

Empuñan crucifijos y acaparan tesoros
que a nadie corresponden sino a quien los labora,
y sus mudos crepúsculos absorben los sonoros
caudales de la aurora.

Orgullo de puñales, arma de bombardeos
con un cáliz, un crimen y un muerto en cada uña:
ejecutoras pálidas de los negros deseos
que la avaricia empuña.

¿Quién lavará estas manos fangosas que se extienden
al agua y la deshonran, enrojecen y estragan?
Nadie lavará manos que en el puñal se encienden
y en el amor se apagan.

Las laboriosas manos de los trabajadores
caerán sobre vosotras con dientes y cuchillas.
Y las verán cortadas tantos explotadores
en sus mismas rodillas.

15 de febrero de 1937