lunes, 9 de mayo de 2011

Acto sin protocolo

Siempre en invierno me siento así. Frágil, desnuda y traslúcida. Y todos los días son. Son el inicio de un camino posible. Felicitación de cumpleaños. Inquietud y palabras que se me acomodan en algún lugar de mí que hasta yo desconozco. Y guían mis pasos. Leo sin cesar y cada palabra me atrapa y me invita a la siguiente y me destapa sin poder evitarlo. Y a medida que avanzo me identifico y me desnudo un poco más. Es una línea recta y evidente, y su recorrido ya irreversible produce vértigo. Es inevitable no avanzar, y cada gesto es una liberación, una mordaza menos, un lastre que cae al vacío, un molde roto, una orden muda, una obligación que ya no existe. Es un acto sin protocolo, sin teatro lleno de palabras vacías y risas huecas, porque el guión lo escribe una mano sin guante, y es la piel quien habla y respira e impone el ritmo del silencio, y cada latido dibuja el recorrido inteligente. Silencio. No te descentres. La tinta se corre porque a veces tiembla el pulso al escribir ciertas palabras más obscenas, demasiado grandes o muy pronunciadas, donde la gravedad no perdona, nos aplica su fuerza, y nos atrae tanto más cuanto mayor son las masas y menor la distancia. Y nos acelera cada metro que recorremos por segundo al cuadrado. Siempre es mejor escribir lo no pronunciado, lo nunca dicho, lo pensado y lo sentido para poder asimilarlo bien, sin desviarse, sin desvanecerse, ni atrapar en los brazos pobres que nos atan.

© Mª Ángeles Sánchez Román, 29/3/10


Seducida por las letras, abrazada por las palabras y desnudada por el texto. Desnudo interior sin protocolo.

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