lunes, 9 de mayo de 2011

Mi Llave.

Cuando alguien es capaz de abrirme otras ventanas al mundo, desde las que otros paisajes son posibles, no sólo accede a mí, me hace accesible y soy un poco más libre porque soy un poco menos prisionera de mí.
Cuando alguien descifra mi clave de acceso y se instala poco a poco hasta llegar a lo más hondo, y me conmueve inspirándome los sentimientos más vivos, es imposible negarme al huésped y la inmunidad me abandona y se hace cómplice de él hasta invadirme por completo.
Cuando alguien tapiza mi interior y hace cada hueco suyo, me viste por dentro y desde ahí me contempla desnuda, siempre desnuda, y es inútil la ropa.
Cuando cada palabra es un desafío y cada gesto una provocación, los silencios no son treguas, son abismos.
Cuando alguien me pide el alma a través del cuerpo y me descubre la suya, es imposible retroceder, y mucho menos negarse a esa enfermedad del cuerpo llamada Deseo.
Da igual cualquier gesto, cualquier silencio o cualquier palabra. Está todo dicho y todo sabido. Y está todo callado para no repetirlo.
Cualquier movimiento no es en vano. Y tendrá su recompensa.
Yo no sé cuál es la química que nos hace así de accesibles, que nos impulsa y nos atrae, que nos agita y nos remueve, que nos calma y nos hace entregarnos, que nos permite morir y renacer tantas veces como sea posible.
Ingenua, y peligrosa.
Sincera y confiada.
Impaciente.
Impaciente.
Descarada y .........
Cualquier movimiento no es en vano. Y tendrá su no recompensa.
Castigada.
Deseada.
Muy castigada.
Quiero llegar a ese lugar donde todo es posible, donde lo irracional nos libera, y nos permite ser lo que no somos por fuera y somos por dentro, a ese lugar más allá de lo racional, de lo establecido.
A ese lugar que sólo es posible contigo.
A ti que sólo eres posible en ese lugar.
Tú eres quien me da esa prioridad.
Y quien me la niega, o me la dosifica.
Sólo tú, y lo sabes.
Sólo tú.
Solo.
Solos.
Deseo.


© Mª Ángeles Sánchez Román, 5/8/10

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