lunes, 9 de mayo de 2011

Exotérmica

Muero una vez al día, y algunos días dos o más. Todo depende de la intensidad con que me extingo y se expanden mis cenizas alrededor de mí, contemplando la escena de la que ya no soy protagonista. Ahora soy espectador de mi propio desenlace. Fluyo a través de mí y lo inundo todo en un acto desenfocado y sin cuerpo. Sólo el gesto refleja la lucidez de tanta entrega. Me busco y no peso, me diluyo a través de cada poro y floto en una atmósfera de mí misma mientras veo mi expansión ocupar todo el espacio. Y desde él, ajena a mi cuerpo, veo como éste abona la tierra y la hace fértil. Puede ser la disociación de mi cuerpo y mi alma, y la eterna resignación a unirse una y otra vez para reinventarme de nuevo. La materia no se crea ni se destruye, se transforma, y mi cuerpo vuelve intacto excepto de mí. El alma cada vez es menos porque en cada entrega queda plasmada, para que todo tenga sentido. Cada segundo aunque soy, existo un poco menos, y me reflejo mucho más. Parezco la misma pero soy otra, reinventada.

© Mª Ángeles Sánchez Román, 17/3/10
Exotérmica, irreversible y desprendiendo calor.

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