lunes, 9 de mayo de 2011

Subjuntivo imperfecto e imposible

Si pudiera desandar de nuevo el tiempo, y algunas distancias y volver al punto de partida. Si pudiera darle la vuelta a la vida y asomarme por la parte de atrás donde todo empieza, o se puede repetir, como cuando jugaba al escondite, y le daba vueltas a la casa y me iba al fondo donde creía que nadie me veía, ni me encontraba. Si pudiera reinventar el sueño deshecho en realidad. Y así me alejo para sumergirme en ese lugar donde no me busquen, ni me echen de menos, ni de más. Si pudiera darle la vuelta a la vida y volver al inicio, entre bambalinas, donde todo se teje y se escribe todo, a esa parte del escenario que te permite repetir hasta el ensayo final, una y otra vez, a ese lugar donde poder ensayar la vida antes de dar un paso, a ese rincón tras las cortinas que huele a las ropas del baúl de maderas nobles puestas en cada representación, donde el foco no cesa de mirar, y el silencio lo llena todo. Si pudiera desandar sólo unos pasos, soltar lastres innecesarios y cubrirme de ese equipaje que no pesa, ni ocupa, pero enseña y calma, y se deja acompañar para siempre generoso y sin exigencias. Ahí está el error. La vida no se puede ensayar, cada paso es irreversible, y para mi cada paso es un ensayo, y no consolido etapas. Lo aprendo todo excepto lo más importante. Lo fundamental se me escapa. Quiero olvidar y desenredarme. Quiero ser indiferente a mi verdugo interior. Desaprender lo que me han enseñado y tengo grabado. Ser capaz de quedarme en blanco un segundo, y volver a empezar, sin látigo.

© Mª Ángeles Sánchez Román, 13/5/10

Primer paso, primera posición.

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