lunes, 9 de mayo de 2011

Mi objetivo era quererte

Mi objetivo era quererte.
Rescato aquel instante en el que el corazón se nos salía del pecho y el deseo nos conquistaba, aquel instante de sinceridad pura, como nunca.
Confieso que me encanta lo brutal, pero me muero por lo sutil, por lo insinuante.
Quiero acariciarte con mi mirada y con mis palabras, y observarte desde mi piel y con cada poro, como si mis manos mirándote te fundaran de nuevo, libre y en este sueño.
Con toda una tarde y una noche por delante, infinitas, paseando, tomando un café de esos que nunca se acaban y se quedan fríos, mientras hablamos de la vida, y lloramos y reimos, y nos perdonamos, y nos reinventamos de nuevo.
Y seguimos paseando perdiéndonos en alguna calle llamada Libertad, abrazándonos para escapar de todo, incluso de nosotros mismos.
Y nos miramos con velas o sin ellas pero con esa luz tenue y cómplice que guarda todos los secretos y a la vez los desvela casi sin querer, y casi sin palabras.
La vida es un segundo, a veces eterno, y otras veces fugaz. La vida no nos va a esperar porque no espera a nadie.
Esta vez no nos acechan fantasmas, nuestros demonios los hemos dejado fuera, los hemos dejado escapar, se han ido y estamos solos, Tú y Yo, sinceros como la primera vez que nos "abrimos en canal para lanzarnos a nuestros vacíos, sin temer llegar al fondo, y así poder rescatarnos", honestos con nosotros mismos para ser capaces de querernos bien, y como tanto deseábamos.
Y paseo contigo de la mano, entre abrazos y miradas cómplices ajenos al tiempo y a la distancia, sin coordenadas, disfrutando cada paso como si nunca más tuviéramos que regresar.
Dejo caer mi cabeza en tu pecho y siento tu latido, y me miras y dibujas mi gesto con tus manos, recreando cada detalle de mi cara, mis labios, y me acaricias el pelo mientras tus dedos adivinan lo que pienso, y me dicen lo que sientes.
Y así, despacio, vas diciéndome, libre, todo aquello que nos insinuamos, todo aquello que nos prometimos, todo aquello que nos confesamos, y tu piel le habla a mi piel mientras dibujas mi contorno. Y me susurras al oido tus secretos más prohibidos, tus deseos inevitables y tu placer más evidente. Y nos perdemos en ese sueño real, infinito.
Y mañana nos despetaremos, libres, y en otro sueño, y nos miraremos en silencio como si hubiéramos vuelto a nacer, como si fuéramos inmortales para siempre.

© Marian MASR, 18/10/09


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