lunes, 9 de mayo de 2011

Desnuda

A veces nos falta tiempo y nos sobra gente.
Qué fortuna.
Hoy me siento desnuda de gente.
A mí hoy me sobra tiempo y me falta gente.
Me sobra todo el tiempo, y me falta muchísima gente, me faltan casi todos.
Me faltan personas de muchos tamaños, pero todas ellas imprescindibles. De muchas distancias y muchos tiempos, de siempre y de ahora, pero todas ellas con un hueco en mi pecho, dueños de ese rincón de mí, no por poseerme, sino por darme tanto incondicionalmente. Algunas son personas que siempre estuvieron y ya nunca más podrán estar. Otras, simplemente están lejos, demasiado lejos. Otras no sé ni dónde están.
Todo es confuso, hoy.
Hoy me siento demasiado lejos de todo y de todos. Hoy me siento al otro lado del abismo donde todo y todos son inaccesibles e inalcanzables.
Por más que estiro mi brazo, no rozo el de nadie. Siento el vacío.
Hoy no es Soledad, hoy es simple vacío.
Hoy es hueco, y sin fondo, donde es peligroso caerse.
Y es el eco de mi voz el que responde. Hoy no hay nadie.
No hay absolutamente nadie.
Por más que busco, no hay absolutamente nadie. Hoy ni siquiera busco.
Hoy es un vacío abismal y frío.
Sordo y mudo.
Atemporal.
Perdido.
Desorientado.
Macabramente desorientado.
No existen coordenadas de mi lugar. Mi distancia es infinita y mi tiempo es demasiado grande.
Estoy al otro lado del mundo, aislada en una especie de habitación llena de vacío, donde nada llega y de donde todo lo que parte se dispersa y no llega a su destino, se retrasa, se esconde, se difumina, se diluye y se pierde. No llega nada. Y todo lo que parte se distorsiona.
Hoy me siento desnuda de gente.
Hoy es un día despejado, pero mi alma la tengo gris y borrosa.
Hoy debería ser un día sin horas, para que sólo hubiera ausencias y no esperas.
Sólo ausencias y no esperas.
Sólo ausencias.
Ausencias.
Nadie.
Hoy debería ser un día sin lugar, para que no hubiera ausencias.
Hoy es un nudo sin desenlace.
Hoy es el grito sordo del poeta, que nadie oye.
Hoy es un llanto amargo, árido, estéril. O más bien la incapacidad para el llanto.
Hoy es un inmenso fantasma que no para de acecharme. Insistente.
No me encuentra nadie, sólo el maldito fantasma del miedo y la incertidumbre. Y para él no quiero estar.
Estoy exahusta.
Estoy al otro lado del mundo donde casi nada llega. Todo pierde fuerza y cuando está casi rozándome las manos inicia una caída libre. Y así cada palabra y cada gesto.
Y todo es silencio y quietud.
Me falta gente.
Echo de menos el abrazo cálido, las risas y la cercanía.
Estar a una llamada y dos pasos de todos.
Estoy a varias llamadas desesperadas e infinitos pasos, interminables. No estoy de todos.
Hoy todo es demasiado grande y está demasiado lejos. Tanto que no alcanzo y me siento cansada y pequeña. En realidad me siento invisible. Ajena de todos, y de mí.
Hoy el día tiene la luz apagada, y todo son grises.
Hoy me siento desnuda de gente porque están lejos, y la distancia es otra anestesia. Y nos duerme, y nos aleja más.
Hoy debería haber sido sólo un sueño en el que seguir dormida hasta mañana.
Mañana retomaré de nuevo la búsqueda incesante y vital, el calor y el afecto. Recorreré todas las distancias necesarias, y me faltará tiempo para llegar a todos quienes hoy me faltaban. Para recuperar el abrazo y la risa, y cada momento mágico, cada gesto y cada guiño. Para confirmar que cada uno tocó su hueco y me ha acariciado el pecho.
Mañana brillará de nuevo el sol, y me vestiré de gente.

© Mª Ángeles Sánchez Román, 22/11/09



Hoy me siento desnuda de gente porque están lejos, y la distancia es otra anestesia más.

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