lunes, 9 de mayo de 2011

Prioridad.

"No trato como prioridad a quien me trate como opción".
Leí esta frase hace pocos días y todavía no me he recuperado de su contundencia, y del mazazo que sentí al recorrerla de principio a fin. Me sacudió, me agitó, se me removió todo por dentro, y me sentí tan diminuta, que en un segundo se me derrumbó todo. Todavía estoy buscando mis piezas, que se esparcieron por todas partes como escondiéndose ante la posibilidad de ser reconstruidas, y todavía sigo lamiéndome las heridas invisibles pero abiertas y me sigo buscando sin éxito, porque además hubo una parte de mí que no sólo se escondió, sé que huyó, que me abandonó como avergonzada, y que desapareció no sé si para siempre. De repente sentí una especie de deuda conmigo misma, difícil de saldar. Debe ser que mis componentes percibieron ese sentimiento de morosidad moral y ninguno quiso dar la cara, no por falta de honra, sino por precaución, por prudencia, por una cuestión simplemente de no reconstruir al kamikace despilfarrador de sentimientos, de nuevo.

Esa frase me desnudó por completo, pero lo hizo arrancándome cada prenda, hasta sentirme desnudada, que no desnuda, y sola ante semejante pensamiento. No fue un acto de exhibición que el cuerpo desea, y repta hacia el mundo sintiéndose deseado, fue más bien quererme resguardar, encogida y ser despojada de ellas para "declarar" ante mí misma.
Me sentí sola y desnudada, y me faltaban brazos intentando tapar la frase escrita en mi piel desde la cabeza a los pies, cabizbaja, y sin argumentos. En mi frente estaba el "No", frío, que me quemaba, porque el hielo quema; en mi pecho "trato", tatuado, un trato incondicional y vital para respirar; en mi estómago "como", un como en su otra acepción enseñando su cara caníval, que empezaba a devorarme viva; entre mis crestas ilíacas y el sacro una coraza para "prioridad", para que se sintiera bien defendida, qué mejor sitio, que poder pasearse por mi sexo libremente y poder descansar en mi útero, a capricho; "a quien" escondía tanto que era como una especie de incontinencia que resbalaba por mis piernas, imparable, y caliente, como la micción más deseada; "me" estaba en mis rodillas, cada letra en una, porque era demasiado pesado sólo para una; "trate" volvía a mi pecho desde tanta distancia que apenas lo veía, y otro, tambaleándose sensible pero lleno de silencios, lleno de emociones calladas, porque la sinceridad siempre es un "as" boca arriba; "como" seguía comiéndome por dentro sin compasión, y "opción" se había caido y ya no era ni eso, era nada bajo mis pies, pisoteada, ni siquiera era opción.

Todo el peso de la frase descansaba sobre mí mientras me pedía explicaciones mudas y sordas, cuestionándome. Intentaba tapar sin éxito lo que mis brazos no abarcaban, pero lo peor es que dejaba al descubierto mi pudor, y un sentimiento de absoluto desasosiego, una tristeza inexplicable y casi absurda, un pellizco en el pecho y llanto como el de un niño desamparado.

Yo no sé ser de otra manera, cuando alguien me toca por dentro, y llega a ese lugar casi innaccesible, casi indescifrable y lo corona, ya es suyo, inevitablemente suyo para siempre, y yo dejo de pertenecerme,...... Da igual que desaparezca en cuerpo, que no exista, que no diga nada, porque lo esencial de mi lo tiene en su poder. No lo decido yo, deciden mis sentimientos por mí, y la entrega incondicional es inevitable. Nadie me ha pedido esa entrega, y quien lo ha hecho no ha obtenido nada. La clave está más allá de lo racional, es algo intangible pero poderoso sin límite, y quien accede a ella, descifra mi entrega y me tiene para siempre, como opción, o como prioridad, problema o solución, no depende de mí.
Yo también soy como soy.
Impertinente, descarada, imprudente,.............y hasta sincera. Lo soy todo y nada.

© Mª Ángeles Sánchez Román, 2/8/10









Prioridad.

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